- El Barbecho: Cimientos de una Facultad
- Siembra y Cultivo: preparando agricultores
- Innovación y tecnologías: años de profesionalización
- Brotes de revolución: los años hippies
- Flores, frutos y semillas: apertura al mundo
1. El Barbecho: Cimientos de una Facultad
El siglo XIX había cerrado sus puertas con un marcado signo en pro de la secularización y del liberalismo. En vistas de este fenómeno cada vez más extendido, la Iglesia chilena había decidido tomar firmemente las riendas de la educación superior y fundar la Pontificia Universidad Católica de Chile en 1888, en concordancia con la doctrina del Papa León XIII.
El mensaje del sumo Pontífice consideraba que las casas de estudio universitarias constituían el mejor vehículo para difundir la obra evangelizadora y civilizadora de la Iglesia. A esta tarea se abocaron su primer Rector, monseñor Joaquín Larraín Gandarillas, y un grupo de laicos comprometidos. Las actividades regulares de la nueva universidad, que dependía directamente de la autoridad eclesiástica, comenzaron tras una misa solemne, el 31 de marzo de 1889, con la apertura de la Facultad de Leyes y Ciencias Políticas y el Curso Preparatorio de Matemáticas con vistas a Ingeniería.
Ya entrado el siglo XX, empezaron a surgir rumores sobre la fundación de un curso de agronomía en la UC. Sin embargo, nada de ello se había concretado. Fue la donación de don Federico Scotto, que condicionaba el legado de sus tierras a la creación de esta carrera, lo que finalmente llevó al arzobispo a pedir solemnemente a la universidad que diera luz verde al proyecto.
El arzobispo de entonces, don Mariano Casanova, promulgó a través de una carta pastoral altamente motivadora (ver recuadro), un decreto por el cual solicitaba al rector de la Universidad iniciar el proceso de creación de esta nueva carrera. De este modo, en 1904 se nombró una comisión encargada de delinear un plan que concretara las aspiraciones del arzobispo.
Como en todo ciclo vital, la historia de esta Facultad también tuvo su período de barbecho: Abrir la tierra y exponerla al sol para que se enriquezca al contacto de la luz y del aire parece ser el comienzo de todo gran proyecto que pretenda crecer hasta dar fruto en abundancia. Tal preparación básica recayó en manos del citado comité que tenía por misión fundamental conseguir el financiamiento necesario para levantar la carrera y reunir a los profesores más idóneos.
A esas alturas, la Pontificia Universidad Católica de Chile ya contaba con las disciplinas clásicas de Ingeniería, Derecho y Arquitectura, pero su principal competidora, la Universidad de Chile, le llevaba la delantera con el proyecto de agronomía, habiéndose encargado de la Escuela de Agricultura de la Quinta Normal. Adicionalmente, la sociedad chilena requería, cada vez con mayor insistencia, una mayor formación para aquéllos de sus hijos que se iban a dedicar al cultivo de sus grandes extensiones de tierra: la posesión de enormes fundos y campos caracterizaba a la alta aristocracia chilena de principios del siglo XX.
En este contexto surgió la inquietud de don Federico Scotto (ver recuadro), abogado y agricultor, por desarrollar una profesión útil para estos jóvenes y así beneficiar a toda la juventud católica de su patria. En homenaje a su madre, doña Ruperta Hermoso, realizó la donación de su hacienda El Sauce, la que estuvo condicionada desde un principio a la creación de la carrera de agronomía.
Se podría decir que las razones principales que llevaron a organizar la enseñanza agrícola en la universidad fueron cuatro. En primer lugar, existía un vacío profesional que llenar, enfocado a los hijos de los agricultores que irían a trabajar la tierra que heredarían de sus padres. También existía una motivación religiosa, pues era ampliamente reconocido, que tanto la Biblia como los grandes escritores paganos y cristianos exaltaban el trabajo de la tierra y le asignaban un carácter definitivamente divino. Junto con esto, se reconocía el papel fundamental que jugaba esta disciplina en el desarrollo del país. Por último, existía la conciencia de una misión social que los jóvenes debían desarrollar.
La junta académica encargada de elaborar el programa de estudios estuvo integrada por el Rector de la Universidad, el presbítero Rodolfo Vergara Antúnez, el pro Rector Ernesto Palacios, y por los señores Francisco de Borja Echeverría, Juan Enrique Concha Subercaseaux (dueño de la futura Viña Concha y Toro), Carlos Irarrázaval y Raimundo Larraín Covarrubias.
Esta comisión se reunió en muchas ocasiones a lo largo del año 1904 para determinar las orientaciones básicas del curso y para seleccionar y atraer los futuros profesores. Los objetivos del plan de estudios se definieron en torno al ideal de "formar agricultores instruidos y capaces de dirigir fructuosamente una explotación agrícola".
El programa diseñado consideraba tres años de estudios e incluía cursos "generales" de matemáticas, ingeniería general, química, botánica, agrimensura, dibujo lineal, economía de Chile, gramática castellana, inglés y francés. Esta formación básica se complementaba con una serie de cursos en secciones de producción vegetal y animal.
Entre los primeros profesores se encontraban el ingeniero francés Paul Morizot, y los profesionales señores Ismael Mena, Luis de Castro, Arturo Fontecilla, Carlos Barriga, Joaquín Walter y Guillermo Acuña. Como Director de la carrera se nombró al profesor don Julio Bernard.
Con la satisfacción del trabajo bien realizado, en abril de 1905 se inician las clases de un curso preparatorio de nivelación y de un primer año en una casa que había sido adquirida recientemente por el arzobispo en la Alameda.
Este período de barbecho, en el que los cimientos del futuro edificio de agronomía van siendo enriquecidos por tan acuciosos y prestos preliminares, se cierra en 1909 con el ascenso de la escuela a la categoría de Facultad de Agronomía e Industrias, con su director, don Julio Bernard, asumiendo como primer Decano.
2. Siembra y Cultivo: preparando agricultores
Con nuevos bríos y aún con mayores expectativas, en 1909 comenzaba a funcionar la novata Facultad de Agronomía e Industrias. Sin embargo, el camino no resultó fácil y los primeros obstáculos aparecieron al poco andar. En 1913 su primer Decano, don Julio Bernard, dejó el cargo y lo asumió en su reemplazo don Ramón Subercaseaux.
Los primeros años de esta nueva etapa se caracterizaron por un continuo cambio de Decanos. Es así como a don Ramón Subercaseaux, quien dejó el cargo al ser nombrado embajador en París, le siguieron consecutivamente en el puesto don Alejandro Valdés Riesco, don Raimundo Larraín García Moreno.
En 1920 asume don Luis Echeverría Cazotte, Ingeniero Agrónomo de la Universidad de Chile, quien es el Decano que se ha mantenido como tal por el
A pesar del recambio de autoridades, el engranaje y funcionamiento de la carrera entró en marcha: ingresaron los primeros alumnos, se acomodaron los profesores y se creó el primer laboratorio de química. Ya en 1909 había 18 alumnos egresados.
En 1915 el Laboratorio gozaba de un gran prestigio, ya que en él se encontró, por primera vez en Chile, el estaño y el bismuto, y se descubrió una nueva especie mineralógica de estos metales. Además, se logró fabricar levadura y contribuir en los progresos de la enología y de la quesería.
Durante el mismo año se creó un Centro de Estudios a cargo del profesor Samuel Cubillos, como órgano representativo de los intereses y aspiraciones de los alumnos, con el fin de permitirles perfeccionarse y discutir temas que no se trataban en clases. Éstas y otras iniciativas influyeron en el aumento vertiginoso de la demanda por la carrera, lo que se palpaba en 1919 con 89 alumnos matriculados.
En 1918 se habilitó la sede de la Facultad de Agronomía en el Palacio Universitario (esquina de Portugal con Marcoleta), es decir, en la actual Casa Central de la UC. Allí estuvo hasta que se trasladó al campus San Joaquín a mediados de 1976.
En esta etapa, la Facultad se dedicó a formar, fundamentalmente, administradores de campo, ya que la educación se dirigía especialmente a los hijos de los hacendados. Por estas razones, la inserción laboral de sus futuros exalumnos no constituía una gran preocupación. La relación directa con el agro estaba asegurada por el hecho de que la mayoría de los estudiantes eran hijos de agricultores que se preparaban para hacerse cargo algún día de la administración de sus tierras. Por lo mismo, se solía titular un porcentaje bastante bajo de alumnos, ya que luego de egresar de la universidad los jóvenes partían a trabajar a los campos de sus padres.
Progresivamente, se fueron alargando los estudios. Si en un comienzo el programa contaba con tres años, ya en 1950 la carrera duraba cuatro años de estudio más un año de práctica y se exigía una memoria y un "Libro diario". En 1923 se había establecido que cada estudiante debía hacer "un año de buena práctica en algún fundo, antes de recibir su título", lo que se hizo efectivo a partir de 1924.
Además, se decidió formar una biblioteca especializada. Fue así como en el año 1934 ésta contaba con más de 6 mil volúmenes catalogados. Durante este mismo período, la Facultad fue sujeto de nuevas y generosas donaciones. En 1949 don Julio Ortúzar Pereira legó su hacienda "Quinta" lo que permitió comprar y crear, posteriormente, la Estación Experimental de Pirque.
Para ese año, la Facultad restaba integrada por 34 profesores, tres ayudantes y alrededor de 180 alumnos. Entre los años 1909 y 1949, se habían titulado 454 ingenieros agrónomos.
3. Innovación y tecnologías: años de profesionalización
A principios de la década del 50, el país se había estabilizado bajo el gobierno consecutivo de tres presidencias radicales. Se respiraban aires de profesionalismo y de modernización nacional, los que también impregnaron al nuevo Decano que asumía la Facultad en 1953, don Carlos Correa Valdés.
Este ingeniero agrónomo de la Universidad Católica se mantuvo en el cargo hasta el año 1965, lo que le imprimió a la carrera vigorosos impulsos y brindó la posibilidad de poner en práctica un programa de desarrollo estable y de largo plazo. Su primera tarea consistió en celebrar los 50 años desde que se había fundado el primer curso de agronomía en la universidad. Sin embargo, la fiesta debió suspenderse debido al delicado estado de salud del rector Carlos Casanueva.
La merecida celebración debió atrasarse en un año, llevándose a cabo, finalmente, el 11, 12 y 13 de octubre de 1955. Se optó por realizarla en octubre, ya que para tales fechas la mayoría de los agricultores del país llegaban a Santiago atraídos por la Exposición Nacional de Agricultura.
Los nuevos bríos del cincuentenario permitieron a Carlos Correa sacar adelante sus dos principales proyectos. En primer lugar, formar a los primeros profesores full time de la Facultad, entre los cuales se cuentan Alberto Valdés, Aldo Norero y Alejandro Hernández. De hecho, hasta entonces, todo el trabajo académico se realizaba part time y ad honorem.
Como segunda prioridad, y en el contexto de profesionalizar la carrera, propulsó la creación de las distintas especialidades. Fue así como en 1962 se creó la primera especialidad en Economía Agraria. Un año después comenzó Ganadería, Frutales y Suelos, y en 1964, Fitotecnia. Hasta entonces, todos los alumnos estudiaban de todo. Sin embargo, a partir de 1962, año en que se abrió esta opción, se reemplazó el quinto año de práctica por un año de especialidad. Con esto se llegó a los cinco años de estudio.
A partir de su decanato, Carlos Correa se preocupó de aumentar los recursos de la Facultad. Para ello concertó la ayuda de numerosas organizaciones nacionales como la Fundación de Ex Alumnos y la SNA, e internacionales como la Fundación Rockefeller y la FAO.
En 1957 tuvo lugar la primera reunión de decanos de las facultades de Agronomía de todas las universidades de Chile, con el fin de intercambiar ideas sobre la organización de los estudios. Como resultado de varias reuniones se llegó a un amplio acuerdo sobre las exigencias básicas generales para el estudio de la agronomía y sobre las finalidades que debía proponerse cada facultad.
La idea consistía en que cada centro de estudios se centrara en un campo diferente para así cubrir las distintas áreas de la actividad. En este sentido, se decidió que la Universidad de Chile daría prioridad al tema de la administración fiscal y la Universidad Católica a la economía agraria y a la formación de directores de empresas particulares agrícolas.
Por esta misma época se echó a andar la estación experimental de Pirque, fruto del legado en metálico de don Julio Ortúzar Pereira. Hernán Gacitúa fue el primer investigador contratado tiempo completo para desarrollar ahí los maíces híbridos.
A lo largo de la década del cincuenta los profesores de la Facultad tomaron conciencia de la importancia de la investigación en el desarrollo científico y tecnológico del país. Con este fin se creó en 1957 la Dirección de Investigación Agrícola. La creación de una infraestructura apropiada se combinó con importantes cambios en la planta docente: a partir del año 1954 se contó, por primera vez, con profesores jornada completa. Además, gracias al contacto con las distintas fundaciones se pudo enviar a los mejores alumnos a realizar estudios de postgrado en el extranjero, con lo cual se fue formando un cuerpo permanente de profesores altamente calificados.
Esta apertura de la Facultad al mundo, tuvo su punto cúlmine en febrero del '58 cuando se llevó a cabo una reunión de Decanos de toda América Latina y representantes de organismos nacionales e internacionales.
Ese mismo año se optó por reformular el plan de estudios, con lo que la carrera pasó a contar con nueve departamentos: Agricultura General, Ciencias Básicas, Economía Agraria y Ciencias Sociales, Fruticultura, Vinicultura, Ganadería, Industria Agraria, Maquinaria Agrícola y Suelos. Además, por primera vez en toda la Universidad, se implantó el sistema de asignaturas semestrales en vez de anuales.
En el año 1962 se vio que resultaba poco racional y económico para la Facultad mantener sus propias cátedras de ciencias básicas, por lo que se convino con las Facultades de Ciencias Físicas y Matemáticas y de Medicina que los estudiantes de agronomía siguieran los cursos de física y biología que ofrecían aquellas disciplinas. Lo mismo se acordó con la Escuela de Economía para los cursos de Estadística y Teoría Económica.
Con el fin de aumentar su participación en el desarrollo de la agricultura nacional, la Facultad incluyó en su programa un curso para la formación de "agrónomos especialistas en extensión", capacitándolos para asesorar a agricultores sobre los avances en las ciencias del agro. Para ello se llegó a un convenio con la Fundación Ford y la Universidad de Minnesota y el INIA.
A principios de los sesenta, la Facultad empezó a modernizar sus laboratorios y a crear otros nuevos. Los edificios para albergarlos y su equipamiento fueron financiados con aportes de la Fundación Rockefeller y, gracias a ello, se contó con laboratorios de Biología, Zoología, Suelos y otros para la docencia.
La Facultad cooperó con la Organización de Estados Americanos (OEA) en la realización de un proyecto aerofotogramétrico para confeccionar un mapa de los suelos del país. Se hizo un riguroso reconocimiento de los suelos de la región de Pirque, para que los agricultores pudieran mejorar sus cultivos.
En suma, este fue un período de profesionalización en el que se supo aprovechar oportunamente la incorporación de nuevas y modernas tecnologías, tanto en el ámbito académico, por medio de un mayor contacto con el exterior, como en el mundo laboral, a través de las nuevas y preparadas generaciones de ingenieros agrónomos que fueron egresando durante la segunda mitad del siglo XX.
4 Brotes de revolución: los años hippies
Al igual que en el resto del mundo, durante los años '60 y comienzos de los '70, en Chile arreciaba el debate y la polarización. Los hippies ya se habían tomado la bandera en contra de la guerra de Vietnam en Estados Unidos y en Francia, los estudiantes se habían lanzado a las calles de París en abierto desafío a todo lo establecido. El ambiente se cargaba poco a poco de utopías, derechos, libertades, luchas y frases penetrantes como la del entonces revolucionario, y actual eurodiputado francés, Daniel Cohn-Bendit que llamaba a "ser realistas, pidamos lo imposible".
Chile no podía sustraerse a estos grandes cambios y transformaciones. Las nuevas tendencias invadían la moda, la música, la política y, por supuesto, las aulas universitarias. Las tomas de universidades y cambios de autoridades en las Universidades Católica de Valparaíso y Católica de Chile (1967) anticiparon la época de revueltas estudiantiles en el mundo.
La reforma agraria, que cambiaría la faz agrícola del país, empieza a incubarse en los años 60 e irrumpe con fuerza a fines de la década, y hasta 1973. De la Facultad de Agronomía saldrían profesionales que tuvieron grandes responsabilidades en el proceso: Rafael Moreno, ingeniero agrónomo, actual senador de la República, idearía y luego pondría en práctica el proyecto de reforma junto a muchos profesionales de la Facultad que se incorporan en la Cora, Icira, Indap y otras instituciones del Estado. Su objetivo consistía en impulsar la subdivisión de las grandes extensiones de tierra, para dar acceso a la propiedad a un mayor número de agricultores y campesinos, creando nuevos propietarios. El objetivo económico del proceso estaba inserto en los conceptos de redistribución y justicia social, que estaban tan en boga por aquellos años.
Sin embargo, las cosas no fueron tan simples. La dinámica política y el fanatismo ideológico sobrepasó las consideraciones técnicas o racionales de los primeros impulsores del proceso y los enfrentamientos llegaron a niveles insospechados. Las expropiaciones comenzaron a desbordando los criterios originales, hasta el punto de que trabajadores o grupos externos al campo se tomaron los fundos con sus propias manos, sin mediación de orden ni ley alguna. Las faenas productivas se paralizaron y se congelaron las inversiones. Más allá de los hechos y de las distintas posturas, lo cierto es que las diferentes actividades se fueron paralizando y, así también, los agrónomos abandonaron sus labores productivas.
Los violentos cambios que ocurrían en el país y los resultados de la Reforma Agraria, repercutieron fuertemente en la organización y el quehacer de la Facultad. Bajo el impulso reformador del Rector Fernando Castillo Velasco, se hizo una revisión e introspección crítica y, en agosto de 1970, se presentó un proyecto de reestructuración al Consejo Superior de la Universidad. En su diagnóstico, se concluía que la Facultad tenía un carácter predominantemente profesional en desmedro de la cultura, el debate, la investigación y una formación humanista integral. Según el mismo informe, en la Universidad y la Facultad, no existían aportaciones originales que permitiesen superar el subdesarrollo del país y su dependencia.
El 21 de agosto de ese año el Consejo Superior aprobó un plan de reestructuración, que incluía una reforma de sus currículos, reorganización de sus departamentos (se creó el Departamento de Desarrollo Rural), y propuso reforzar los estudios de postgrado y los programas de investigación. En esos mismos años y en forma paralela la Rectoría crea nuevos Centros de Estudios especializados, distintos de las facultades, (CEREN, CEA) orientados, en la práctica, a reforzar visiones marxistas de la realidad nacional.
En medio de este proceso, la Facultad de Agronomía vivió un período de enormes cambios y crecimiento. Con la reforma se elige al Profesor Guillermo Jiménez como Decano, quien incorpora en su equipo a un grupo de profesores jóvenes, con estudios de postgrado y con jornada completa. El gran crecimiento en la actividad y del número de profesores lleva a una consiguiente dispersión en las instalaciones, ya que el tradicional espacio "Portugal esquina de Marcoleta" se torna absolutamente insuficiente.
En la Casa Central, desperdigados en diferentes patios y pisos se encontraba el Decanato, los laboratorios, las salas de clase y oficinas de los profesores de Fitotecnia y Zootecnia. El departamento de Suelos debió ser trasladado a una casa en calle Dublé Almeyda, en tanto Desarrollo Rural arrendaba un departamento en el sector del Parque Forestal. Economía Agraria, por su parte, había emigrado al campus de los Domínicos, junto a la Facultad de Economía y Administración. La caótica situación justificó, en gran medida, el prioritario traslado al campus San Joaquín.
La actividad académica, era intensa. En 1968, con apoyo de la OEA, se creó un curso internacional de Economía Agraria para graduados que duraba 18 meses. Dado que la Universidad no ofrecía aún el grado de Magíster, el Consejo Superior autorizó la creación del grado para los participantes, pero con carácter transitorio. Los buenos resultados del curso llevaron a la creación definitiva del grado de Magíster en Economía Agraria.
La Escuela, además se había anticipado a la universidad en introducir el sistema de créditos y el régimen curricular flexible. Los cursos monolíticos con alumnos que hacían el mismo programa a lo largo de cinco años habían concluido. El sistema no era simple pero fue exitosamente manejado primero, por los subdirectores Juan Eduardo Lira y, posteriormente, Fernando Martínez.
En 1969, la Rectoría creó un Centro de Estudios Agrarios, CEA, como una entidad interdisciplinaria que debía institucionalizar la reflexión y el análisis crítico sobre la realidad agrícola chilena y promover la investigación al respecto. A pesar de que las actividades de docencia se iniciaron recién en 1973, fueron suprimidas ese mismo año. Las clases y seminarios que se impartieron reflejan vívidamente las pulsiones de la época: Teorías agrarias en Lenin, Reformas y Estructuras Agrarias en la Unión Soviética y en Cuba, La Visión de la Tierra Americana en la Literatura y la Subliteratura del siglo XIX, entre otros.
Aunque la inestabilidad reinante era palpable e invadía todos los sectores, la investigación siguió desarrollándose en la Facultad. Ejemplo de ello fueron las numerosas obras publicadas por esos años, como el libro de Alberto Valdés y Norman Collins titulado Agricultural Economics in Chile, el texto de Rafael Irarrázaval y Paul Aldunate llamado Estudio de la Productividad en el Valle Central y el análisis del Departamento de Economía Agraria, Panorama Económico de la Agricultura Chilena.
Después del 11 de septiembre de 1973, la Facultad de Agronomía experimentó nuevos cambios. La docencia y la investigación se centraron fundamentalmente en la producción y su fomento. En 1974 se reestructura nuevamente la Facultad en torno a cinco Departamentos: Economía Agraria, Fitotecnia, Frutales y Viñas, Suelos y Zootecnia.
El traslado de todas las dependencias de Agronomía al campus san Joaquín en el año 1976, significó un cambio rotundo que marcaría un antes y después para todos los profesores, administrativos y alumnos. El hecho de reunirlos en un solo lugar, dotó de un nuevo impulso a la carrera facilitando la coordinación y la comunicación de los distintos departamentos y favoreciendo su accionar conjunto.
5. Flores, frutos y semillas: apertura al mundo
Los fuertes sucesos que sacudieron al país en 1973 y el ordenamiento de la actividad universitaria trajeron consigo transformaciones a veces dolorosas en el quehacer académico, pero que permitieron alcanzar niveles superiores de profesionalismo, eficiencia, investigación y desarrollo educativo.
En Agronomía, en 1977 se estructuró un nuevo currículum de pregrado que intensificó los estudios básicos y profesionales con mayor énfasis en los aspectos relativos al manejo de la producción agropecuaria. Se hizo más rígida la opción del alumno al nivel de los primeros ciclos y se mantuvo la especialidad en los últimos cursos. En 1974 asume el decanato el profesor Juan Ignacio Domínguez quien se mantendría en el cargo hasta fines de 1988.
Con la llegada de los años '80, el país se fue adentrando poco a poco en una dinámica distinta y fue dejando atrás las pugnas y divisiones de las décadas anteriores. El grupo de rock chileno Los Prisioneros, se impuso como la banda líder entre la juventud local. Las teleseries, Sábados Gigantes y los concursos de belleza inundaron las pantallas locales, en que Canal 13 ocupaba el primer lugar indiscutido de la escasa competencia televisiva.
Por aquellos años, la carrera sufrió un cambio de enfoque, en el sentido de que se la orientó más hacia la formación de empresarios. Este viraje hacia la empresa privada estuvo asociado al cambio económico y político que vivía el país. En efecto, la agricultura chilena en esos años tuvo un cambio radical en su estructura y en su orientación. La reforma agraria que había dejado al sector en estado caótico, dio paso a un nuevo panorama, con un reordenamiento de la propiedad que estimuló a nuevos empresarios por invertir y retomar las iniciativas productivas.
El nuevo modelo económico impulsó la apertura a las exportaciones y los profesionales orientaron sus perspectivas laborales y de desarrollo hacia estas nuevas iniciativas. Al igual que al inicio del proceso, nuestros exalumnos jugaron un rol importante en el proceso de revitalización de la agricultura. Personas como Alfonso Márquez de la Plata, primero como Presidente de la SNA y posteriormente como Ministro de Agricultura, Héctor Hevia en la CORA y el SAG, Alberto Ezkenazi, Rafael Irarrázaval, Rodrigo Mujica y Guillermo Salas, asesoraron o dirigieron equipos profesionales responsables de esta transformación.
Las exportaciones frutícolas tomaron una fuerza inusitada, encabezando el desarrollo exportador y el crecimiento del país. Haciéndose eco del auge de este sector, la Facultad organizó diversos seminarios sobre el tema. Aún se recuerda el éxito del Seminario del Kiwi, especie frutal prácticamente desconocida para ese entonces y que despertaba enorme interés. Originalmente se había programado un seminario para 100 personas, pero ante la demanda hubo que cambiar de local, ya que llegaron más de 500 participantes superando todas las expectativas.
Como respuesta a este boom exportador, se fue desarrollando una importante área de investigación en torno al tema de la post cosecha de frutos y hortalizas. Adicionalmente, a raíz de la fuerte relación entre agronomía y economía se desató una explosiva demanda por la formación de economistas agrarios. El Departamento de Economía y sus profesores jugaron un rol importante, tanto asesorando políticas, realizando estudios económicos, asesorando dirigentes gremiales y participando en el Comité editor de la naciente Revista del Campo, del Mercurio. La Revista Panorama Económico de la Agricultura, publicación bimensual del Departamento, también jugó un papel importante al entregar información y opinión económica muy relevante para las decisiones de la época.
Al magíster en Economía Agraria que se había creado en 1970 se sumaron los nuevos programas de magíster en Suelos y Riego y en Producción Animal.
En este período fueron apareciendo también publicaciones propias de la Facultad como la edición científica titulada "Ciencia e Investigación Agraria", que existe hasta nuestros días, y la revista "Panorama Económico de la Agricultura". Además, de la participación de profesores en las revistas técnicas y del agro como la "Revista Frutícola", la "Revista del Campo" y "El Campesino".
En el área de la investigación se fomentó el desarrollo de grandes proyectos, como el Proyecto Cereales financiado por el IDRC (International Development Research Centre, de Canadá) y la Agencia Internacional de Energía Atómica, entre otras. El programa incluía el desarrollo de nuevas variedades de trigo y la introducción del cultivo del triticale (un híbrido entre trigo y centeno).
En paralelo se desarrolló un fuerte Programa de Cultivos Forrajeros, apoyado por la CORFO y el IDRC, con gran impacto en la zona sur del país. Otros programas como los de Cero Labranza y manejo de postcosecha en cultivos hortícolas, contaron con gran apoyo de la CORFO y de empresas privadas. También se potenciaron proyectos de desarrollo rural, especialmente en La Unión y Perquenco, este último con la colaboración de FAO y el financiamiento de INDAP.
En 1976 se creó una nueva estación experimental en Curacaví para la investigación y el ensayo de la horticultura. Junto con esto, y aprovechando la larga experiencia en servicios de los laboratorios existentes (vinos, alimentos y suelos), a principios de los años '80 se estructuraron como empresa, los servicios comerciales de análisis foliar y de suelos.
Mientras la Facultad de Agronomía seguía creciendo y desarrollándose, el país atravesaba importantísimos cambios políticos como fue el plebiscito de 1988 y el retorno de la democracia en 1990, además de la significativa visita del Papa Juan Pablo II al país y a la Universidad. Acorde con los nuevos tiempos, y como respuesta al creciente desarrollo de la industria forestal de exportación se creó, en 1993, la carrera de Ingeniería Forestal. Su creación, impulsada por el Decano Eduardo Venezian, obedeció a la necesidad de ampliar el campo de acción de la Universidad en el sector silvoagropecuario y responder a la demanda de profesionales generada por la positiva evolución de este sector en el país.
Con el nacimiento de esta nueva carrera, el edificio que albergaba a la antigua Facultad se hizo cada vez más pequeño por lo que fueron necesarias sucesivas ampliaciones. Este crecimiento se vio reforzado por la construcción de nuevas infraestructuras en el campus San Joaquín: los invernaderos, el galpón de metabolismo para el trabajo con los animales, los laboratorios de computación, las cámaras de frío para frutas y hortalizas, etc.
A partir de 1999 se han acentuado las actividades de extensión, creándose la revista de "Agronomía y Forestal UC" y los programas de diplomados para profesionales y técnicos, como el Diploma de Administración de Empresas (DANES), el Diploma del Vino y el Diploma de Agricultura Urbana.
A partir del año 2003 se promovió el desarrollo de los programas de magíster, asociado al cambio curricular de pregrado de la universidad y se inició un ambicioso plan de doctorados.
Tanta dedicación puesta en la modernización de la enseñanza ha comenzado a florecer y dar frutos, como son los nuevos planes y mallas curriculares, los ambiciosos programas de postgrado y los numerosos proyectos de investigación en curso, entre otros. Sin lugar a dudas todas estas iniciativas se convertirán en semillas que darán inicio, en la ineludible tarea académica de promover un continuo desarrollo profesional y humano.
*Extractado del Libro: 100 años, Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal.
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