Informe IPCC y respuesta en los medios

Considerando el informe emitido por el IPCC el día 7 de Agosto y la repercusión que ha tenido en los medios de comunicación, nos parece importante aclarar:
En el resumen para tomadores de decisiones, no se menciona el hecho de que haya que consumir menos carne en las dietas. El llamado a consumir menos carne viene de algunos científicos que participaron de la elaboración del informe en entrevistas personales, no del informe mismo.

Lo que el informe dice es que hay que tener dietas balanceadas, ricas en vegetales y con carnes, todos producidos bajo sistemas sustentables y de bajas emisiones. Transcribiendo de la página 26 (https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2019/08/4.-SPM_Approved_Microsite_FINAL.pdf):

"B6.2. Diversification in the food system (e.g., implementation of integrated production systems, broad-based genetic resources, and diets) can reduce risks from climate change (medium confidence). Balanced diets, featuring plant-based foods, such as those based on coarse grains, legumes, fruits and vegetables, nuts and seeds, and animal-sourced food produced in resilient, sustainable and low-GHG emission systems, present major opportunities for adaptation and mitigation while generating significant co-benefits in terms of human health (high confidence). By 2050, dietary changes could free several Mkm2 (medium confidence) of land and provide a technical mitigation potential of 0.7 to 8.0 GtCO2e yr-1, relative to business as usual projections high confidence). Transitions towards low-GHG emission diets may be influenced by local production practices, technical and financial barriers and associated livelihoods and cultural habits (high confidence)."

En el texto en extenso, el capítulo sobre seguridad alimentaria habla de las dietas (https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2019/08/2f.-Chapter-5_FINAL.pdf).


En él se citan varios trabajos que comparan las emisiones entre diferentes patrones dietarios. En esta parte se menciona que dietas con menos carne tienen un mayor potencial de mitigación, pero también se habla sobre las incertidumbres de hacer estos cambios. De hecho, el documento menciona potencial de mitigación entre 0.7 y 8 Gton de CO2eq, lo que equivale a 1.3% al 15% de las emisiones actuales. Sin embargo, habla de que el potencial de mitigación viene principalmente de tierras que se dejan de usar en ganadería ("land-sparing effect") y por lo tanto comienzan a actuar como sumideros de carbono, es decir, la mitigación viene principalmente de cambio de uso de suelos.

Para dar números, menciona un estudio en que el 25-30% del potencial de mitigación proviene de menor emisión por lo animales y el resto viene de captura de carbono por reducción de superficie en uso. Al respecto es importante considerar:

  • El IPCC no considera en sus cálculos la captura de CO2 en suelos agrícolas/ganaderos que permanecen bajo un mismo uso, por lo que no considera captura de carbono en praderas que permanecen como praderas, cultivos que permanecen como cultivos, etc. Solo considera captura de carbono en suelos forestales que se mantienen en uso forestal.
  • Solo recientemente hemos prestado atención a que la captura de carbono en suelos ganaderos puede ser muy importante. Estudios indican que la captura puede ser 2 o 3 veces superior a las emisiones de los animales en la misma superficie (Science of the Total Environment 661 (2019) 531–542; Agricultural Systems 162 (2018) 249–258). El primero de estos estudios indica que incluso bajo las prácticas actuales de producción, al considerar el flujo de carbono en suelos ganaderos la ganadería en Mercosur captura en vez de emitir CO2, y captura aproximadamente el 80% de lo que captura el área forestal (¡una gran cantidad!).
  • Suponer que al eliminar el ganado la tierra quedará abandonada es, al menos, temerario. Lo más probable es que esa tierra se destine a otros usos productivos. Si cambian de pasturas o praderas a cultivos, el resultado será que emitirán CO2 en vez de estar capturándolo. Por otro lado, el abandono no necesariamente llevará a sistemas que capturen más CO2. En zonas con una distribución estacional de humedad, el abandono puede llevar al deterioro de la estrata vegetal, y con menos vegetales captaremos menos CO2.
  • De acuerdo a los datos del estudio del Mercosur que mencionamos antes, bajo las condiciones actuales una hectárea de bosque capta aproximadamente 0.83 ton CO2eq/año, una hectárea de tierras de pastoreo captura 0.74 ton CO2eq/año y una hectárea de cultivos captura 0.14 ton CO2eq/año. Es decir, el aumento en captura al salir de sistemas pastoriles y pasar a bosques tiene un impacto bastante reducido al considerar los flujos de CO2 en el suelo. Este impacto está en realidad sobre-estimado al no considerar las capturas de CO2 en los suelos ganaderos y si en los forestales, de acuerdo a la metodología del IPCC.
  • Al dejar de producir ganado, la necesidad de proteínas de la población deberán ser suplidas a través de otras fuentes vegetales. Esto implica que parte de las tierras bajo uso pastoril deberán ir a la producción de otras especies, especialmente legumbres. Si cambiamos tierras pastoriles a cultivos, ya sabemos que estaremos emitiendo CO2 por el cambio de uso de suelo y por la menor capacidad de captura en suelos bajo cultivos que en suelos pastoriles. Si derivamos tierras pastoriles a la producción de monocultivos intensivos en uso de fertilizantes y pesticidas, y con especies transgénicas (sistema dominante de cultivo de soya a nivel mundial), no solo estaremos emitiendo más CO2, sino que estaremos degradando la tierra, su biodiversidad y su capacidad de producir alimento.

Por lo tanto, para que el cambio de dieta tenga un efecto positivo se deben dar algunas condiciones (cuyo cumplimiento es al menos poco probable):

  1. Debe haber una decisión de política pública en la que cualquier tierra que salga de ganadería debe ir a uso forestal (no a abandono y menos a cultivos), lo que es posible solo en algunas zonas y requerirá probablemente un apoyo económico importante para los productores
  2. La captura bajo el sistema forestal debe ser efectivamente superior a la del sistema ganadero
  3. El suministro de proteína y aminoácidos esenciales a la población deberá provenir de fuentes vegetales producidas bajo sistemas de agricultura regenerativa, y no por remplazo de las mismas tierras pastoriles

 

Teniendo todo esto en consideración, el efecto real del cambio de dietas en las emisiones de gases de efecto invernadero es probablemente mínimo. Mucho más importante que eso es virar a sistemas de producción agrícolas y ganaderos donde el suelo sea el punto central, promoviendo la biodiversidad y fortaleciendo las comunidades agrícolas, es decir, sistemas de agricultura y ganadería regenerativa.

De acuerdo a la iniciativa "4 por 1.000", liderada por Francia después de la COP 21, un aumento de 0.4% en el contenido de carbono de todos los suelos del mundo serían suficiente para detener el aumento de CO2 en la atmósfera, de acuerdo a la tasa de emisión de 2015. Bajo sistemas pastoriles regenerativos, es posible alcanzar tasas de aumento de hasta 20% por año, por lo que considerando que las tierras de pastoreo son entre 1/4 y 1/3 de la superficie libre de hielo del mundo, el potencial es inmenso.

Más aún, toda la agricultura es responsable solo de un 12% de las emisiones actuales, por lo que cambiar nuestros hábitos de vida e intentar reducir el consumo y desperdicio de recursos de todo tipo es en realidad la única vía a un mundo sostenible.

 


Análisis comparado de sistemas de clasificación de ganado y calidad de cortes de carne bovina

Este estudio fue realizado por encargo de ODEPA por un equipo multidisciplinario de nuestra Facultad, coordinado por el profesor Rafael Larraín y con la participación de Óscar Melo y el investigador Jaime Fernández.

El objetivo del estudio fue describir las regulaciones sobre la tipificación del ganado, etiquetado de cortes y clasificaciones de calidad de la carne en países proveedores de Chile, y consolidar información existente sobre la experiencia y resultados de la aplicación de estas regulaciones en, al menos, Estados Unidos, Australia, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Entre las principales conclusiones del trabajo destacan:

  • Las características que más se repiten en los sistemas analizados son la voluntariedad, la aplicación de las categorías a canales completas, y el uso de variables relacionadas con la edad o madurez de los animales y de cobertura grasa para la determinación de las categorías.

  • La obligatoriedad de la normativa existente en Chile y su aplicabilidad no solo a las canales sino a los cortes de venta al consumidor parece ser una excepción. En los demás países analizados en que existen normas obligatorias, estas están restringidas a la evaluación de canales y normalmente a plantas faenadoras de un tamaño mediano a grande.

  • Existe muy poca información disponible sobre la experiencia y resultados de la aplicación de estas regulaciones. La información disponible se centra principalmente en el número de canales que pasa por algunos de los sistemas (en Australia, Estados Unidos y Japón) y un estudio del beneficio económico de la utilización del sistema MSA de Australia.

El informe final del estudio se encuentra disponible en:

https://www.odepa.gob.cl/publicaciones/consultorias-y-asesorias/analisis-comparado-de-sistemas-de-clasificacion-de-ganado-y-calidad-de-cortes-de-carne-bovina


 

Capacidades de Investigación en carnes, UC. Red Ciencia Empresa

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Consumo de carnes y riesgo de cáncer

En relación al artículo publicado por un grupo de Investigadores de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (dependiente de la OMS) en el que se señala el consumo de carnes rojas como “probable” agente cancerígeno en humanos, y considerando la amplia cobertura que ha tenido en los medios, es importante aclarar lo siguiente:

La publicación corresponde a un breve resumen (http://www.thelancet.com/journals/lanonc/article/PIIS1470-2045(15)00444-1/abstract(15)00444-1/abstract) y no a un estudio completo y en él no existe información nueva, sino que corresponde al análisis de la información ya publicada en revistas científicas. En el artículo se intenta separar el probable efecto cancerígeno del consumo de carnes rojas (frescas) con respecto al probable efecto de las carnes procesadas. En el artículo se definen como “carnes rojas” las carnes originadas en tejido muscular de mamíferos y se separan adecuadamente de las “carnes procesadas”, que definen como aquellos alimentos originados en carnes, pero que han sufrido procesos de transformación de manera de modificar sus características y extender su conservación. Los autores indican que le dieron más valor a los artículos científicos en que separaban explícitamente los efectos de carnes rojas y de carnes procesadas, pero no excluyen del análisis aquellos trabajos en que ambos tipos de carnes no están claramente separados.

Sin embargo, los autores cometen el error de no confirmar que los trabajos que ellos revisan y usan como base para hacer sus recomendaciones utilizan una definición similar a la hecha por ellos para los términos “carnes rojas” y “carnes procesadas”. El análisis detallado de la información publicada arroja rápidamente a la luz un problema bastante frecuente en los estudios que relacionan consumo de carnes rojas y salud: las definiciones de carnes rojas y carnes procesadas están absolutamente confundidas. Increíblemente, muchos estudios incluyen dentro de carnes rojas muchas carnes procesadas, e incluso repiten los mismos alimentos tanto en la definición de carnes rojas como de carnes procesadas. Este error es también común en la literatura científica que asocia consumo de carnes rojas con riesgo cardiovascular.

Solo a modo de ejemplo, el artículo al que se hace mención en la prensa dice que en 7 de 14 estudios de cohorte se encontraron asociaciones positivas entre cáncer colorectal y consumo de carnes rojas, y destaca tres estudios realizados en Europa, Suecia y Australia. Al revisar el detalle de esos tres estudios, es posible verificar que en al menos uno de ellos (el realizado en Suecia) confunde completamente los alimentos en carnes rojas y en carnes procesadas. La definición de carnes rojas en el estudio sueco es “carne bovina entera, carnes cortadas, carnes molidas, tocino, salchichas, jamón y otros fiambres, blood pudding (similar a prietas), riñones o hígado y paté de hígado”. El mismo estudio define carnes procesadas como “tocino,salchichas, jamón y otros fiambres, y blood pudding”
(http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ijc.20658/abstract).

Los autores también destacan entre sus argumentos un estudio de tipo meta-análisis de cáncer colorectal y consumo de carnes (Chan et al., 2011; http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0020456). Este estudio se basa en la literatura publicada a la fecha de su realización (hasta Marzo de 2011) para recoger datos de diferentes trabajos y analizarlos en conjunto. Nuevamente, la definición de carnes rojas y carnes procesadas declaradas por Chan et al. parece distinguirlas bien, pero los artículos en que basan su análisis no siempre lo hacen. Por ejemplo, ellos usan entre sus fuentes un artículo publicado en 2010 por Cross et al. (http://cancerres.aacrjournals.org/content/70/6/2406.full.pdf+html) donde la definición de carnes rojas es “carne bovina, cerdo y cordero; incluyendo tocino, carne bovina, fiambres, jamón, hamburguesa, salchichas, hígado, cerdo embustidos y bistecs”; y la definición de carnes procesadas es “tocino, embutidos de carnes rojas, embutidos de aves, fiambres, jamones, salchichas y salchichas bajas en grasa hechas de carne de aves”.

En consecuencia, la información en que los autores basan sus conclusiones es inexacta y confunde los mismos elementos que el trabajo pretende separar. Por lo tanto, los autores concluyen como “probable” la asociación entre consumo de carnes rojas e incidencia de cáncer, cuando en realidad están evaluando la asociación entre cáncer y consumo de una mezcla de carnes rojas y carnes procesadas, estas últimas con evidencia más sólida de aumentar el riesgo de padecer esta enfermedad. Desgraciadamente este problema es muy común en la literatura médica, incluida la que habla sobre salud cardiovascular, e históricamente ha generado confusión tanto en consumidores como en profesionales de la salud.  

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COMPOSICIÓN DE CORTES DE CARNE BOVINA NACIONAL libro-carne-bovina

 

La presente publicación entrega los resultados obtenidos en el estudio “Composición de la Carne Bovina Nacional”, desarrollado entre los años 2012 y 2013 por el Departamento de Ciencias Animales de la Facultad de Agronomía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Este estudio fue financiado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y contó con el apoyo de FAENACAR (Asociación Gremial de Plantas Faenadoras Frigoríficas de Carnes de Chile), FEDECARNE (Federación Nacional de Productores de Carne Bovina) y SAGO (Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno).

Los resultados de este estudio indican que la composición de la carne bovina nacional es similar a la de algunos de los cortes de otras carnes por los que generalmente se pide ser remplazada para hacer una dieta “más saludable”. De esta manera, profundizar en los efectos del consumo de carne nacional sobre la salud de las personas debiera convertirse en una prioridad para la industria y el sector de profesionales de la salud en Chile, especialmente considerando la importancia que tiene la carne bovina como fuente de nutrientes para la población, tales como aminoácidos esenciales, hierro, zinc y vitaminas del complejo B.

Carne bovina